miércoles, 6 de octubre de 2010

¿Por qué nos enamoramos?


"En el amor y la guerra todo se vale”, “El amor te ciega”, “Si no has amado no has vivido”… son algunas de las respuestas que podemos obtener cuando preguntamos ¿Por qué nos enamoramos?, si bien es cierto que el ser humano requiere de una satisfacción emocional para lograr obtener la autorealización (Maslow), ¿que ocurre en la mente?, ¿Por qué nos enamoramos?

Existen muchas teorías que intentan interpretar el amor, como una necesidad del ser humano, he incluso encontramos escritos en donde hace referencia a que el amor es un “regalo divino”, algunos consideran que el amor incluso tiene bases, he incluso existen individuos que creen que el amor es cuestión del destino. La ciencias manifiestan argumentos que van desde “El amor platónico” en el caso de la filosofía, “Reproducción o curso de la naturaleza” según las ciencias naturales, “necesidad de socialización” ciencias sociales etc… Para lograr comprender ¿Qué? Y ¿Por qué? Nos enamoramos es necesario conocer que ocurre a nivel psicológico y hormonal.

En una previa ponencia, llamada la Trilogía del Amor de Stenberg. Este psicólogo decía que el amor está compuesto por 3 diferentes componentes:

  1. Intimidad
  2. Pasión
  3. Compromiso

Según se combinen estos elementos obtendremos diferentes tipos de relación. Por ejemplo,

  1. Cuando sólo existe intimidad, a este tipo de amor le llamamos cariño.
  2. Si sólo predomina la pasión, se llama encaprichamiento.
  3. Y si lo que predomina es el compromiso, es un amor vacío

Cuando se combinan dos o los tres elementos, aparecen otros tipos de amor:

  1. Intimidad + Pasión = Amor romántico
  2. Intimidad + Compromiso = Amor sociable
  3. Pasión + Compromiso = Amor fatuo

Y cuando aparecen los 3 elementos:

  1. Intimidad + Compromiso + Pasión, aparece el amor consumado.

Según estos siete tipos de amor, podríamos clasificar cualquier tipo de relación. Pero esto no significa que la relación se mantenga siempre igual. Por ejemplo, imaginemos una relación ideal de amor consumado. Con el paso de los años, la pasión muere, y se convierte en una relación de amor sociable. Ahora bien, aunque la teoría es muy interesante, no explica por qué nos sentimos tan desolados cuando experimentados una ruptura sentimental, tampoco explica cómo tras varias rupturas sentimentales nos armamos de mecanismos de defensa que a la vez que impiden que nos vuelvan a hacer daño, también impiden que volvamos a ser felices con alguien.

¿Por qué nos recreamos en experiencias pasadas y personas que no nos quisieron lo suficiente? ¿Somos los seres humanos masoquistas por naturaleza? ¿Nos gusta autocompadecernos? ¿Buscamos siempre el mismo prototipo de persona y por eso fracasamos cuando intentamos empezar con alguien diferente? ¿Quién no ha experimentado ese subidón que se siente cuando nos atrae otra persona? Ese querer, pero no saber; ese podría ser él/ella. Esta experiencia se vive cuando aún no nos hemos familiarizado con la otra persona, cuando no la conocemos lo suficiente y el misterio que la rodea hace que fantaseemos acerca de lo queremos que sea. En muchas ocasiones no nos enamoramos de la persona en sí, sino de la propia fantasía que hemos creado acerca de ella. Y es entonces, cuando al descubrir que no es como creíamos, nos sentimos heridos, engañados. Habíamos comprado el billete hacia la felicidad, y ahora resulta que la compañía no se hace responsable de la pérdida de las maletas ni tenemos seguro de accidente. Y para colmo, sobrevolamos un espacio tormentoso sin un destino claro.

Ahora bien, haciendo referencia muy somera a las hormonas que, actuando química (y no sentimentalmente) son responsables por ese sentimiento tan complejo que poetas y, aun cínicos, reconocen como el "amor romántico". Nuestros cuerpos están bien suplidos con la presencia de neurotransmisores y hormonas que facilitando la efectividad de sus actividades nos mejoran las actividades vitales. La liberación de oxitócica durante el parto y después del orgasmo ejerce un extraordinario bloqueo del estrés y nos llena de “ternura” El enamoramiento, como ya sabemos, es parte de un proceso bioquímico que se inicia en la corteza cerebral y que se difunde al sistema endocrino.

Las feromonas, acaban excitando nuestras pasiones más básicas hasta que, consumada la copulación y habiendo experimentado el orgasmo, aparece la oxitócica en el teatro del drama de nuestro cuerpo. Con ella resalta, esa profunda conciencia de pertenencia al otro y que, desde tiempos inmemoriales, hemos bautizado con la palabra amor. Las feromonas, sustancias etéreas que cada especie o persona despiden de manera invisible, alteran la propia química y desencadenan respuestas fisiológicas tales como la secreción de fluidos lubricantes, la dilatación o la erección genital. En esta fase se experimentan reacciones de excitación y deseo que perturban la razón. Un rostro, un peinado, un determinado gesto o vestido, una postura, una establecida forma de hablar o de reír nos parecen la cosa más fascinante del mundo y no tenemos sentidos para nada más.

La magia, que sentimos, es tan invisible como cierta. Estimulada por las feromonas, la feniletilamina instruye la producción masiva de dopamina o norepinefrina, estimulantes cerebrales que producen una sensación de ansiedad y de anticipación gozosa. El buen humor, la risa y los pensamientos positivos aguijonean en cierta medida una liberación de oxitocina La respiración se acelera y un sudor casi imperceptible se pronuncia en axilas y en las ingles. El mismo cerebro reclama, vía la actividad de las cortezas pre-frontales, un módico cierto de control y, entonces, empezamos a segregar endorfinas y encefalinas que consienten una sensación de paz, calma y seguridad, a la vez que estimulan toda suerte de fantasías eróticas.

Hasta este punto comprendemos que el amor, no es mas que una respuesta del organismo o del sistema endocrino, de donde surgen teorías que explican que mientras mas orgamos tengamos, mayor apego sentiremos hacia la pareja; Pero, ¿Por qué las mujeres prefieren el chocolate al sexo? ¿Puede una caja de bombones conseguir la misma oxitocina derivada de un orgasmo satisfactorio? Para lamento de los románticos, todo apunta en esa dirección, se ha demostrado que la oxitocina está también detrás de la adicción a dulces, golosinas y chocolate.

No es ningún secreto tampoco que el chocolate, alimento rico en feniletilamina, ayuda a suplir las carencias de oxitocina debidas a una abstinencia sexual, o que un ejercicio físico regular permite liberaciones de adrenalina y serotonina que disimulan lo que en verdad falta. Amico y Vollmer no han extrapolado todavía su experimento animal en la clínica humana, pero advierten ya del peligro de que niveles anormales e indetectados de oxitocina estén detrás de muchos síndromes metabólicos y obesidades. Por su proximidad hipotalámica, la actividad de comer y la sexual a menudo coinciden. Algo que nos explica la razón y el porqué todo romance conduce de la mesa romántica al tálamo amatorio.